Copyfight: Lawrence Lessig

julio 19th, 2005

Lawrence Lessig es profesor de Derecho en la universidad de Stanford y el principal impulsor de las licencias Creative Commons, que subvierten el clásico “All rights reserved” por el nuevo “Some rights reserved”. Ha escrito diversos libros, el último de los cuales “Free Culture”, puede descargarse gratuítamente de la red, tanto en inglés como en castellano.

Por una cultura libre

Diversas historias:

  • En su libro Darknet, el autor J.D. Lasica describe los problemas que tuvo para hacer una serie de videos caseros mezclando grabaciones propias con trozos de películas comerciales. Pidió permiso a diversas compañias para poder incluir fragmentos de esas películas y, aunque su vídeo casero no iba a ser distribuido más que a sus familiares, todas las compañias le denegaron el permiso, excepto Universal Studios, que le pedía 900 $ por cada 15 segundos que incluyera.
  • El director Robert Greenwald preparaba la versión extendida de su película “Uncovered: the Whole Truth about the Iraq War”, en la cual quería incluir un minuto de una entrevista a George W. Bush y pidió permiso a la cadena NBC para hacerlo. Estos denegaron el permiso aduciendo que “El presidente no salía muy bien parado”.
  • En la película “Mad Hot Ballroom”, un documental sobre un concurso de bailes de salón, fue necesario pedir permiso y pagar por todas las canciones que aparecen. Incluso por la melodía de un móvil que suena en medio de una escena y el cual tiene el tono de Rocky, por el cual EMI pedía 10000 $ por 6 segundos.
  • Jesse Jordan creó un buscador para indexar ficheros en la red interna de la universidad. Este buscador era gratuito y no estaba destinado a compartir MP3 exclusivamente. A pesar de eso, recibió una carta de la RIAA donde se le demandaba por 15 millones de dolares. Intentó luchar y ir a juicio, pero los gastos en ese caso hubieran sido de 250000 $, de los cuales no disponía. Finalmente, pagó todos sus ahorros (12000 $) para evitar el juicio.

Todas estas son historias de víctimas del extremismo.

Lessig

En el caso de MGM contra Crokster se intentó delucidar si un fabricante es responsable del mal uso de su herramienta. La Corte Suprema dijo que si, promulgando una nueva teoría según la cual si se distribuye un producto que promueva este mal uso uno es culpable.

Esta es una decisión terrible. Por ejemplo, ¿es Apple culpable? Mientras se han vendido 15 millones de Ipods solo se han venido 450 millones de canciones en Itunes, lo que da una media de 30 canciones por Ipod, mientras en cada Ipod caben unas 15000 canciones. ¿De dónde salen las 14970 restantes? Apple en sus anuncios presenta el eslogan “Rip. Mix. Burn” para que la gente grabe sus CDs en sus Ipod. En cambio, nadie ha denunciado a Apple.

Aunque se pueden hacer copias analógicas, la copia digital no está clara, no se puede saber a ciencia cierta sin litigar. Esto es un problema para las nuevas empresas, que tienen que preocuparse de si pueden ser consideradas culpables por alguno de sus productos.

A principios del siglo XX, un compositor llamado John Sousa declaró en el Congreso que el fonógrafo iba a destruir la cultura. Según él, hasta entonces la gente se reunía para cantar delante de sus casas y así era como se creaba la cultura. En cambio, con la aparición de esas máquina solo los profesionale crearian cultura. No parece que se equivocara mucho en lo que respecta al siglo XX, pero podría estar muy equivocado en el seiglo XXI, ya que nuestras máquinas actuales permiten la creatividad y la expresión.

Hoy tenemos la capacidad de usar la tecnología para remezclar la cultura, para pasar de una cultura pasiva a una cultura activa, de una cultura consumida  auna cultura creada. La creatividad digital es la misma que la creatividad analógica, pero usando herramienta diferentes. Esta creatividad digital nos permite decir cosas poderosas. Debemos dejarnos del “few2many” (pocos para muchos) y pasar al P2P (people to people, de la gente para la gente). Esto tiene un potencial extraordinario.

El problema no está en el copyright ni en los artistas, sino en el hecho de que es muy difícil hacer esto legalmente. Antes (en la “época analógica”) la regulación era más pequeña. Hemos pasado de “most uses free” a “most uses regulated” (la mayoría de usos han pasado de ser libres a ser regulados). Nunca tan pocos habían tenido tanto control sobre como se usa la cultura.

Dos tercios de los americanos creen que Grokster era culpable. Esto debe hacernos reflexionar y, aunque no debe afectar a esta lucha, debe ayudarnos a focalizar esta lucha. En Europa, las patentes de software se rechazaron por 648 a 14. La lucha contra las patentes se empezó aunque se creía perdida por adelantado, pero poco a poco se han ido ganando batallas. Han sido los inventores los que han dicho que no querian esas ayudas externas, que querían crear libremente. Del mismo modo hay que rechazar un copyright excesivamente restrictivo, los creadores deben decir no y los usuarios no deben ser confundidos con piratas.

El rechazo a las patentes de software ha dado un toque a EEUU, indicandoles que están equivocados. Debemos seguir esta lucha desde aquí, ahora que aun podemos. Europa es crucial para despertar a EEUU.

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